SIMEON LOS BENDIJO Y HABLO A MARIA VIRGEN:



«Mira, este  niño  traerá  a  la gente  de  Israel  caida  o  resurrección.

Será  una  señal  de  contradicción.

Mientras  que a ti María, una espada atravesará tu alma…(Lc.Cap.2; V.34,35)

 

LA PRIMERA ESTIGMATIZADA FUE LA MADRE DEL CIELO, VIRGEN MARIA…


TE ANUNCIA SU ÚLTIMA CENA:


Tu  hijo  habló  contigo  y  te  dio  ánimos,
va  a  empezar  su  Pasión,  su  sacrificio,
es  la  hora  señalada  para  el  tránsito.

Te  dice  que  dará  una  última  cena  con  sus  discípulos.
Nuestra Madre bendita presiente la desgracia.

(Hagase tu voluntad mi Dios).

Una extraña transpiración y escalofrios recorren todo su cuerpecito.

Arde su piel. Orando  llora,   llora, llora  en  silencio…


Señal   de  la  cruz,  1  Padre  nuestro,  1 Ave María, 1 Gloria.

 


«JESÚS CONDENADO  A  MUERTE»:


Madre  Dolorosa… ¿qué sintió tu corazón cuando escuchaste la sentencia de muerte que imponían a tu adorado hijo? Tu que le diste vida, que lo llevaste en tus entrañas, que le amamantaste, que lo viste crecer, caminar, hablar … y ahora serías testigo de su muerte.


Comienza a elevar la temperatura del cuerpo de la Virgen y aumentaban los escalofrios. Un temblor se acentua en todo su ser…El llanto ahoga su garaganta.Sus ojos se irritan hasta el punto de enrojecer.


Y  con  todo  esto,  continua  orando  silenciosamente  en  su  corazón…

 

JESÚS  CARGA  CON  SU  CRUZ:


Madre Del Misterio…tu que has sentido el gran dolor de ver a tu hijo con una corona de espinas enterrada en su tierna cabeza; tu que has visto su cuerpo latigado, sangrando,su carne desprendida y con llagas… Ahora tienes que ver como, sin ninguna consideración, en esa piel, en carne viva, herida y adolorida, le colocan una cruz. Y todo lo guardaste silenciosamente en tu corazón…


Las primeras gotas de sangre aparecen en la frente de la Virgen María, en el mismo lugar donde le colocaron la corona de espinas a su hijo, un dolor indescriptible inunda su cuerpo, descubres la sombra del verbo. LLevas el peso de sus treinta y tres años.


El padre celestial revela su misterio.Y con todo y más sigues orando en silencio en tu corazón…


JESÚS CAE  POR  PRIMERA  VEZ:



Madre Dolorosa…Qué duro fue para ti verlo allí indefenso! Todo tu ser reaccionó igual que él. Quisiste ir a recoger a Jesús, acariciarlo, mitigar su dolor, igual que cuando niño se caía y tu lo limpiabas, lo curabas. Lágrimas de sangre brotan en su rostro.


«Como toda buena Madre humana conectada con el padecer de un hijo propio»; como única Madre celestial, no se compara el amor y vínculo con la pasión y misterio entre ustedes dos».


Madre sientes la cruz en tus espaldas,con dolor y humillación, percibes el peso del mundo. Recibes su caida. Más en silencio rezabas en el largo camino de tu hijo con la cruz.


MARÍA SE  ENCUENTRA  CON  SU  HIJO  JESÚS:

 

Madre  Dolorosa…

tu corazón no aguanta más el deseo de darle un poco de cariño a tu hijo. Entonces, entre la multitud gritando el nombre que tantas veces llamabas para que fuera a comer,  a  estudiar:

«¡Jesús,  Jesús,  Mi hijo…! «AQUÍ ESTOY,  AQUI  ESTOY»,…

En ese momento tomaste fuerzas del amor que le tienes y con tu mirada silenciosa pero mucho más elocuentes que las palabras, le dices: «Adelante hijo, hay un propósito  para  todo  este  dolor…

la salvación de los hombres, de aquellos a quienes quieres devolverles el poder ser hijos  de  Tu  Padre  Celestial.  Guardando  todo  esto  en  tu  corazón…

¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!.


Sacrificando  a  tu  único  Hijo  Sagrado,  por  los  pecados  de  la  humanidad…

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DE  PIE  Y  DE  RODILLAS  EN  LA  CRUCIFIXIÓN  Y

AGONÍA  DE  JESÚS.

 

Madre  Dolorosa.  todavía  falta  más…


Ves como colocan a tu hijo en la cruz,

ves como amarran su cuerpo desgarrado.  Madre  Mártir,

tu corazón se detiene al oír los primeros martillazos que atraviézan  los  huesos  de Jesús.

Tu,  Madre  María,  recibes  esos  clavos.

Gotas de sangre se manifiestan en tus pequeñas nuñecas.

Pasaste  desapercibida  ante  los  ojos  de  todos.

Quisieras  decirles  a  los  soldados  que  todo  eso  no  era  necesario…

Y  todo  lo  guardaste silenciosamente  en  tu  corazón…


Las  lágrimas  que  derramaste  y  el  dolor  infinito  al ver  la  crueldad  de  la  cruz,

te hacen caer de rodillas cuando sentiste los clavos en los pies de tu hijo santo.


Tu corazón agonizante, llagado, estremecido, muere en el silencio, el tiempo y el misterio.

Te  encomiendas  al  Padre  del  cielo…

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A  SUS  PIES  ESTABAS  CUANDO JESÚS MUERE  EN  LA

CRUZ.

Madre  Dolorosa,  ahí  estás  tu,   al  pie  de la  Cruz  de  tu  hijo.

Ofreciéndote  como  sacrificio  de  consolación.

Y  ves  como  un  soldado  traspasa  con  una  lanza  el  corazón  de  tu  hijo…

Tu  corazón  Madre,  no  solo es  traspasado  espiritualmente  por  la  misma  lanza.

Tu corazón llagado, siente el dolor, el tiempo, el vacío, la soledad, la muerte y el misterio.

La  unión  indisoluble  de  tu  alma  con  el  corazón  de  Jesús,

queda  revelada  para  toda  la  eternidad.

Recibes  místicamente  los  efectos del  traspaso  físico  del  corazón  de tu  Hijo.

En  medio  de  tu  silencio,  tu  hijo  ha  muerto.

Tu  corazón  se  parte  en  dos  y  recuerdas  la  profecía  de  Simeón…


Besas  los  pies  de  tu  hijo  único.


Todo  parece  acabado… más  lo  guardaste  silenciosamente  en  tu  corazón…

 

DIOS  TE  SALVE  MARIA…


MARÍA RECIBE  EN  SUS  BRAZOS A  SU  HIJO

JESÚS  MUERTO.

Madre  De  amor  infinito, tienes  a  tu  hijo  en  tus  brazos  maternales.

Parece  mentira;   la  pesadilla  se  hizo  realidad.

Sabes  que  él  no  puede  sentir  tus caricias,  tus  abrazos,   ni  tus  besos,

pero  aun  así  lo  besas,  lo  abrazas, lo  acaricias.

Quieres borrarle  el  horror  que  los  hombres  le  hicieron  en  su  cuerpo  totalmente desfigurado  e  irreconocible…


Lo  contemplas  posando  inmóvil  en  tus  brazos,  sabes  que  vivió  para amar.

Te  envuelve  la  soledad  de  la  muerte, te  pierdes en  el tiempo, tu  mirada  esta vacía y  llena  de  misterios.

Nadie  te  puede  entender.  Todo  queda  silenciosamente  en  tu  corazón…

 

EL ENTIERRO Y LA SOLEDAD DE MI MADRE MARÍA


Madre Bendita e incomprendida. Nunca dejaste a tu hijo, vas  con  quienes  llevan  a  enterrarlo,  pues  quieres  acompañarlo  hasta  su tumba.

Tú  quieres  arreglar  su  cuerpo,  vestirlo,  ponerle un  manto  blanco,  suave  y perfumado,  pero nada de eso se te permite hacer.  Recuerdas  en  ese  momento,  los nueve meses  que  lo  tuviste  con  tanto  amor.

Así  lo recuerdas con  tus  besos  benditos  y  tiernos.

Es  hora  de  dejarlo  y  de  cerrar  la  puerta del  sepulcro.

El dolor ilimitado  te  enfrenta  a  la  oscuridad. a  la  burla,  a  la  indiferencia,  al  desprecio  que  aun  después de  muerto  siguen  haciéndole  los hombres.

Caminas despacio  como no queriendo  separarte de  tu  Hijo… pero  luego  te  «levantas»,  las  heridas  se  cerraron,  por  tu  infinita  Fe,  una  gran  paz  envuelve  tu  corazón  traspasado  de  dolor…  En  medio  del  misterio  de  la  soledad,  recuerdas  en  silencio,  la  profecía  de  tu  propio hijo:

«AL TERCER DÍA  RESUCITARÉ».

 



Después de transcurrido  los hechos,  cada año del tiempo que estuvo en la tierra,  en  época de Pascua,  Nuestra Madre María Virgen,  recibía  los  signos  de  la  pasión  de  su  hijo  y con  la  Revelación del  Padre  Celestial.  Con  dolor  las  meditaba  en la  soledad  del  silencio…