El Purgatorio

30 septiembre, 2011

 

El dolor más pequeño de la otra vida es 

Mayor que todo lo que en ésta se

puede padecer.

 

Las almas del Purgatorio sufren mucho.  Si nunca me desearon –dijo Jesús en una de sus muchas revelaciones-  mientras estaban en la tierra,  ahora aprenden a desearme en el Purgatorio.  Allí no ven mi Rostro y arden en deseos de verlo.

Mi amor por vosotros–  dice Jesús- es eterno,  no comprenderéis sus profundidades y su plenitud sino cuando estéis  en el Cielo.  Sentid mi Presencia.  Yo os bendigo a todos.  Meditad mi presencia.  Hijos a quienes amo con amor eterno,  sed gratos a Mí recordando mi Presencia real,  Hacedme participar en vuestras actividades,  en vuestras discusiones y en vuestros pensamientos.  Respetad mi Presencia sin jamás olvidar que soy el Santo.  Uniéndome a vuestro pensamiento,  vosotros pecaréis menos  sabiendo y recordando que Yo estoy con vosotros.  Creed en Mí Presencia entre vosotros.  ¡Permítidme entrar en  vuestro corazón para que pueda sanaros a todos!

Siendo el fuego del Purgatorio corporéo y material,  ocurrirá tal vez alguno el preguntar cómo puede actuar en las almas despojadas de cuerpo.  De la misma manera,  dice San Gregorio,  que Lucifer y los ángeles rebeldes,  si bien son puros espíritus,  no dejan de ser eternamente atormentados con el fuego material del infierno,  así también antes del juicio Universal lo pueden ser,  y lo son,  los espíritus humanos sin cuerpo condenados al infierno o al Purgatorio.  El fuego de los abismos es un instrumento de la justicia de Dios,  la cual puede castigar a un espíritu por medio de un cuerpo,  como su Omnipotencia anima a un cuerpo por medio de un espíritu.  A nosotros es inconcebible y sorprendente el modo,  pero no menos verdadero,  concluye San Bernardino de Sierra,  pues imperdonable presunción será el querer comprender cortas luces las obras maravillosas del divino poder.   Esforzándose los Santos Padres y Doctores a darnos alguna explicación del modo con que el fuego del Purgatorio atormenta a las almas encerradas en aquella cárcel,  nos dicen que sucede por compenetración,  es decir,  aquellas almas no tienen ya el cuerpo que tenían en la vida pero el fuego del Purgatorio se une y se pega a aquellos espíritus,  Sirviéndoles de cuerpo tormentosísimo.  Es una idea   que nos llena de espanto y horror,  más nuestra idea es siempre menor que la verdad.  ¡Qué inexplicable es el tormento que experimentan aquellas almas benditas!

Santa Catalina de Génova dice que    el suplicio de estas almas  es espantoso,  tanto, añade.  que ningún entendimiento puede comprenderlo ni ninguna lengua expresarlo;  en cuanto a la pena de sentido,  es como la del infierno,  aunque por supuesto con la esperanza de ir al Cielo,  esperanza que no tienen los condenados cuya desgracia será eterna.

Un Novicio difunto reconvino al venerable Dionisio el Cartujano por no haber rezado por su alma los  Oficios que le había prometido.  Procurando Dionicio excusarse por semejante falta,  el espíritu del novicio,  que se le hubo aparecido,  respondióle  con profundos gemidos:

– ¡ Ay,  si tú padecieses la mínima parte de los tormentos que yo sufro,  no admitirías tantas excusas!

Dionicio no sólo rezó los dos oficios con sumo fervor,  sino que añadió otras muchas preces para reparar su negligencia.

La pena del daño que sufren las almas del Purgatorio es la mayor de todas,  como también constituye la pena peor de los condenados del infierno,  a pesar de ser tan inmensos los demás tormentos que sufren.  Por esta causa,  Santa Catalina,  después de afirmar que el suplicio del Purgatorio,  en cuanto al sentido,  es el Infierno,  añade:

-Con todo,  estas penas le parecen al alma suaves,  en comparación de aquellas que sufren al retardar su unión con Dios.

San Juan Crisóstomo dice que “ un millón de infiernos,  comprendiendo en ellos solamente la pena del sentido,  no son,  ni de lejos,  como la pena del daño,  que es la privación de Dios”.

No hay comparación,  ni ejemplo,  ni manera de dar a entender la impetuosidad y la fuerza de la atracción de Dios que El comunica a las almas y que es causa de la pena del daño.

En este sufrimiento de la pena de daño,  pena muy cruel entre todas las penas,  es cosa maravillosa que,  aunque se acerque la hora de verse libre de ella y volar a la Gloria,  no disminuye,  pues,  como explica Santa Catalina,  según el fuego va purificando un alma en el Purgatorio,  Nuestro Señor le va comunicando mayor Luz de paz y gozo,  de manera,  que,  merced al fuego,  va aumentando su tranquilidad,  pero no sucede lo mismo con lo que se deriva de la tardanza en ver a Dio,  porque ésta no disminuye,  aunque se acerque a su término,  por el contrario,  antes bien,  aumenta.  Las penas de sentido,  insiste San Juan Crisóstomo,  no pueden compararse con el consentimiento de parecer indigno a los ojos de la Divina Majestad y ser desechado de su presencia.  Un alma lejos de Dios es un alma fuera de su centro;  y aunque lo esté por poco tiempo,  sin embargo,  el ser por culpa suya hace su estado tan amargo,  que no hay lengua creada que lo pueda explicar.

Para ciertas almas no hay otro Purgatorio que la pena del daño,  no ver a Dios,  apoyando  su modo de pensar,  aparte de las razones teológicas que se dan,  en una relación que la Santísima Virgen hizo a Santas Brígida,  a la cual manifestó haber un Purgatorio llamado de deseo,  para hacer purgar en él la frialdad de afecto para con Dios,  pues como Sumo bien que es, quiere que mientras vivimos lo deseemos.  Pero esto no es mucha pena,  dirá alguno.  Y yo digo que no lo ha pensado bien el que tal dice.  Porque habiendo visto a Dios,  aunque sólo haya sido un momento,  se enciende en el alma un deseo tan ardiente de unirse a aquel inmenso piélago de hermosura,  y siente tal ímpetu de irse hacia Él,  que el estorbárselo es el mayor  tormento que sufre entre todos los que forman su Purgatorio.  El fuego encarcelado en las entrañas de la tierra busca camino por donde salir,  y no encontrándolo conmueve la tierra en todas direcciones y causa los terremotos.  Pero lo han revelado también las almas,  y es memorable a este intento lo que ocurrió en Luxemburgo,  por haber merecido que formándose sobre ello las competentes indagaciones,  quedase en debida forma autentificado por el Vicario General del Arzobispo efector de Tréveris.

 Fuente:  Angel Valadéz Jiménez. El Purgatorio sí Existe

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