¿Cómo fueron las Apariciones en Fátima?

5 mayo, 2011


Una  Señora  Más  Brillante  que el  Sol

MENSAJES DE FÁTIMA

Habla  Lucía


13 de Mayo — Domingo

Jugando con Jacinta y Francisco en la cima de la ladera (Sitio dónde actualmente se encuentra la Basílica). de Cova de Iría,  haciendo un murito al rededor de un matoral,  vimos de repente,  algo como un relámpago.

– Mejor que nos marchemos para casa –les dije a mis primos — está relampagueando y puede venir tormenta.

– Pues  sí!

Empezamos a bajar la ladera llevando las ovejas en dirección a la carretera.  Al llegar más o menos a medio del la ladera casi al lado de una grande encína (Encina que se conserva encina de la capilla de las Apariciones, protegida por un enrejado), vimos otro relámpago y dando unos pasos más,  vimos sobre una encina una Señora vestida de blanco,  más brillante que el sol,  derramando luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina,  atravesando por los rayos del sol más ardiente.

 

Nos paramos sorprendidos por la Aparición.  Estábamos tan cerca que nos quedamos dentro de la luz que la cercaba,  o que Ella derramaba,  tal vez a metro y medio de distancia,  más  o menos.   Entonces  Nuestra Señora nos dijo:

No  tengáis  miedo.  Yo  no  os  hago  mal.

– De  Dónde  es  Usted? –  le  pregunté.

Soy  del  Cielo.

-Y qué es lo que usted quiere de mi?

He venido  para pedirles que vengan aquí seis meses seguidos,  cada día 13,  a esta misma hora:  después les diré quién soy y lo que quiero,  Después volveré aquí todavía una séptima vez. (Esta séptima aparición se ha realizado,  según parece,  en la madrugada del día 16 de Junio de 1921,  cuando Lucía entonces con 14 años de edad,  pasa por Cova de Iría para despedirse en su partida para el Asilo de Vilar en Oporto.  Aparece nuestra Señora en el sitio de las apariciones,  animándola a desprenderse de todo y entregarse entera y totalmente a Dios.)

-Y yo también voy al cielo?-Sí,  vas.

– Y  jacinta?

-También.

Y Francisco?

-También,  pero tiene que rezar muchos rosarios.

Me acordé de preguntarle por dos chicas amigas mías que habían muerto hacía poco tiempo,  venían a mi casa para aprender a tejer con mi hermana mayor.

-María de las Nieves ya está en el cielo?

-Sí está. (Falleció con 20 años el 26 – 2 1917).

Y Amelia?

Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo. (Falleció con 20 años el 28 – 3 – 1917)

-Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros,  en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

-Si queremos.

Tendréis que sufrir mucho,  pero la gracia de Dios será vuestro consuelo.

Fue asi pronunciar estas palabras <<la gracia de Dios, etcétera>>  que abrió,  por primera vez  sus manos,  transmitiéndonos una luz  intensisíma -como  un rayo luminoso penetrando en nuestro pecho y el más íntimo de nuestra alma,  haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios,  que era esa luz,  más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos.

 

Nuestra Señora anuncia a los pastorcitos una vida de sufrimiento:  <<tendréis que sufrir mucho>>;  para que puedan soportar tan pesada cruz,  les promete el auxilio de la Gracia,  cuya misteriosa realidad les da experimentalmente a conocer.

 

Entonces por un impulso íntimo,  también comunicado,  caímos de rodillas e íntimamente repetimos:

 

-Oh Santísima Trinidad,  yo te adoro,  Dios  mio,  Dios  mío,  yo  te  amo  en  el  Santísimo  Sacramento.

 

Después de algunos momentos,  Nuestra  Señora  añadió:

-Rezad el Rosario todos los días para conseguir la paz del mundo y el fin de la guerra.

 

Luego,  empezó a elevarse  serenamente,   subiendo en dirección al naciente,  hasta desaparecer en la distancia. La luz  que la rodeaba,  parecía como si fuese abriendo camino entre los astros,  motivo por el que algunas veces decíamos que el cielo se abría.  Cuando en esa misma tarde,  absorbidos por la sorpresa,  permanecimos pensativos,  Jacinta de vez en cuando exclamaba entusiasmada:  –Ay,  que  Señora  tan  bonita!

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Narración de la Vidente de Fátima Lucía

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