LA HORA DE LA GRAN MISERICORDIA

27 abril, 2011

 

El 10 de Octubre de 1937, Santa Faustina

Recibió instrucciones del Señor,

concerniendo a otro elemento principal

de la Devoción a la Divina Misericordia;

esto es,  la Hora de la gran Misericordia:


LA HORA DE LA GRAN MISERICORDIA

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En sus revelaciones a Sor Faustina Nuestro Señor pidió una oración especial

y una meditación de su Pasión cada día a las tres de la tarde,

la hora que recuerda  su  muerte  en  la  cruz.

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“A las tres,  ruega por mi misericordia,  en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento,  sumérgete  en mi Pasión,  especialmente en mi abandono en el momento de mi agonía.   Esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero.  En esta hora nada le será negado al alma que me lo pida  por los méritos de mi Pasión” (lV.59).

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“Cuántas veces oigas el reloj dando las tres,  sumérgete  totalmente  en  mi  misericordia,  adorándola  y  glorificándola;  suplica  su  omnipotencia  para  el  mundo  entero  y,  especialmente,  para  los  pobres  pecadores,  ya que en  ese  momento,  se abrió de para en par para cada alma.

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En  esa  hora  puedes  obtener  todo  lo  que  pides   para  ti  o  para  los  demás.

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En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero:  la misericordia triunfó sobre  la  justicia.

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En esa hora procura rezar el Vía Crucis,  en  cuanto te lo permitan los deberes;  y si no puedes rezar el Vía  Crucis,  por lo menos entra un momento  en la capilla  y  adora  en  el  Santísimo Sacramento a mi corazón que está lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla,  sumérgete en oración allí donde estés,  aunque sea por un brevísimo instante…” (V, 144-145).

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De estas instrucciones detalladas se desprende que Nuestro Señor quiere que nos fijemos  en  su Pasión a las tres  en punto,  según nuestros deberes lo permitan y quiere que le pidamos su misericordia.

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En el Libro del Génesis (18, 16-32),  Abrahám  rogó a Dios que redujera los requisitos necesarios para que Él pudiese ser misericordioso  con la gente de Sodoma  y Gomorra.  Aquí,  Cristo Mismo ofrece una reducción  de requisitos  a causa de las varias exigencias de nuestros deberes cotidianos y él nos ruega que pidamos su misericordia,  aunque sea de la manera más insignificante,  para que él pueda derramarla sobre todos nosotros.

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Quizá no todos podamos rezar las estaciones del Vía Crucis o adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento,  pero todos sí podemos detenernos mentalmente durante un  “brevísimo instante”,  pensar en su abandono total a la hora de la agonía y rezar una breve  oración,   como  por  ejemplo,  “Jesús,  Misericordia”  o  “Jesús,  por  tu  Dolorosa  Pasión,  ten  misericordia  de  nosotros  y  del  mundo  entero”.

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Esta meditación de la Pasión  de Cristo,  por breve que sea,  nos lleva cara a cara con la Cruz,  y,  como escribe el Papa Juan Pablo ll en la encíclica Rico en misericordia:  “Es en la Cruz  que la revelación del amor misericordioso alcanza su culminación”  (8).  Dios nos invita,  continúa el Santo Padre,  a  “tener    ‘ misericordia’ de su único Hijo,  el  Crucificado” (8).  Por consiguiente,  nuestra meditación de la Pasión debería llevarnos a un tipo de amor que es “no solamente un acto de solidaridad con el doliente Hijo del hombre,  sino también un tipo de   ‘misericordia’  mostrada por cada uno de nosotros al Hijo del Padre Eterno” (8).

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LAS  ESTACIONES  DE  LA

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MISERICORDIA

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Apropiadas para ser rezadas a las tres de la tarde

Comience  cada  estación con:

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Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre,

el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo  Hijo, Nuestro

Señor Jesucristo  como propiciación de nuestros

pecados y los del mundo entero.

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Deténgase brevemente y medite la Pasión de Nuestro Señor:


Continúe recitando las invocaciones escritas más abajo,  seguidas  por:

Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Invocaciones

  1. Por motivo de su institución de la Eucaristía como memorial de su Pasión…

  2. Por motivos de su agonía en el Huerto…

  3. Por motivos de su flagelación en la columna y su coronación de espinas…

  4. por motivo de su condenación a muerte…

  5. Por motivos de su haber cargado con la Cruz…

  6. Por motivo de su caída bajo el peso de la Cruz…

  7. Por motivo de su encuentro con su Madre afligida…

  8. Por motivo de su haber aceptado ayuda al cargar la Cruz…

  9. Por motivo de su haber recibido misericordia de la Verónica…

  10. Por motivo de su haber consolado a las mujeres…

  11. Por motivo de su haber sido despojado de sus vestiduras…

  12. Por motivo de su crucifixión…

  13. Por motivo de su muerte en la Cruz…

  14. Por motivo de su sepultura…

  15. Por motivo de su resurrección de entre los muertos…

SANTO  DIOS,  SANTO FUERTE,  SANTO  INMORTAL,

Ten piedad de nosotros y del mundo entero.

(tres veces)

Fuente:  Diario de Sor Faustína

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