DEVOCIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

Que la Preciosa Sangre que brota de la Sagrada Cabeza de Nuestro Señor Jesucristo,

Templo de la Divina Sabiduría,  Tabernáculo del Divino conocimiento y Luz del cielo

y de la tierra,  nos cubra, ahora y siempre,   Amén.

Preciosísima Sangre: 4 de Julio y se recomienda todo el mes
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Los católicos,  tenemos un único titulo que es de gran valor cuando somos llamados hijos de la
Santa Iglesia Católica Romana,  la cual,  según nos afirma San Pablo, Jesucristo adquirió con su
Sangre (HCH 20,28).
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El valor infinito de esta Sangre Redentora se deriva precisamente de que Jesucristo es verdadero
Dios y verdadero hombre (conocido como Unión hioistática).
Dios mismo quiso que nuestra Redención se resumiera de modo especial en su Preciosísima Sangre.  Es San Juan el que nos dice:  «Nos has redimido Señor,  con tu misma Sangre» (Ap5,9).
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Es San Pablo el que nos asegura que ya desde el principio Dios determinó que todo sacrificio consistiera en el derramamiento de la sangre de los animales (Hb 9,22).
Conociendo la Santa Iglesia la necesidad que tenemos en todo momento de la Sangre de Cristo,
no deja de derramarla sobre nuestras almas por medio de los Sacramentos y muy en especial en el Santo Sacrificio de la Misa.  Ella sabe muy bien que toda nuestra Redención y las gracias que
necesitamos nos vienen únicamente por los méritos de la Sangre de Cristo.
San Pablo nos repite esto en todas sus Cartas:  «Nuestra Redención es efecto de la Sangre de
Cristo (Ef 1,7).  Jesucristo, para santificar a su pueblo mediante el derramamiento de su Sangre,
padeció fuera de las puertas de la Ciudad (Hb 13,12).  Dios propuso como objeto de propiación a
Jesucristo por la fe de su Divina Sangre (Rm 3,25).  A ustedes que estaban lejos de Dios los ha llamado cerca de Él,  en la Sangre de Jesucristo (Ef 2,13).