Ejercicios Espirituales

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Ejercicios Espirituales de San Ignacio por Internet

 

PRESENTACIÓN

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«Por este nombre, EJERCICIOS ESPIRITUALES, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mentalmente y de otras operaciones espirituales… Porque así como pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, de la misma manera todo modo de disponer el alma, para quitarle todas las aficiones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina respecto a la disposición de la vida y salud del alma, se llaman Ejercicios Espirituales»(1). Aunque en el Libro de San Ignacio los Ejercicios se presentan para hacerlos en «cuatro semanas» ello solo refleja el hecho de que el proceso integral que constituyen los Ejercicios comprende cuatro etapas sucesivas: Primera, «la consideración y contemplación de los» propios desordenes. Segunda, la vocación cristiana y «la vida de Jesucristo Nuestro Señor hasta» el domingo «de Ramos». Tercera, la Eucaristía y «la Pasión de Jesucristo Nuestro Señor». Cuarta, «la Resurrección y Ascensión» de Nuestro Señor. Desde luego, el mismo San Ignacio advierte que el termino «semanas» no debe llevar a concluir que cada etapa requiere de una semana necesariamente, y todos los Ejercicios, de treinta días. Así, San Ignacio destaca que aun en el supuesto de Ejercicios de treinta días, como se practican en la Compania de Jesús, la primera «semana» a veces requiere mas de siete días. Esta división de los Ejercicios, altamente flexible, permite hacerlos en una semana y aun en cuatro días.

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QUERIDOS EJERCITANTES:

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¡Bienvenidos a la Casa de Ejercicios Espirituales Juan Pablo II!

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Este Manual, basado en el antiguo Manual del Ejercitante, del Padre Tirso Arellano, S.J.(2), aspira a ser un instrumento básico para ayudarles a examinar su vida, a adoptar decisiones trascendentes al respecto y a orar con fervor, es decir, para hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio con el mayor fruto. Es un complemento de la labor y de las orientaciones del Director de los Ejercicios y un mecanismo de apoyo a esa labor personal, que constituye el elemento imprescindible para hacer bien los Ejercicios. Contiene un conjunto de exámenes, cuestionarios, normas practicas, consejos, oraciones, preces y otros recursos espirituales de apoyo al trabajo personal para que se hagan los Ejercicios con todo el provecho que Dios quiere.

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(1) San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, Autógrafo Español, décima edición. Editorial Apostolado de la Prensa, S.A., Madrid, España, 1962. En las citas de esta fuente, se ha actualizado el texto regional, en castellano antiguo.

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(2) Tirso Arellano, S.J., Manual del Ejercitante, décima edición, Editorial Hechos y Dichos, Zaragoza, España (ahora agotado y desactualizado, pues su ultima edición es de 1963, y, por consiguiente, nunca se adapto al concilio Vaticano II, celebrado en 1972).

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CAPITULO I.

GENERALIDADES DE LOS EJERCICIOS IGNACIANOS

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¿Que es hacer Ejercicios?

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El Padre Tirso Arellano, S.J., en su valioso Manual, presenta los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de manera precisa, De ahí que transcribamos ahora esa Presentación (3).

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El Padre Tirso Arellano, S.J., en su valioso Manual, presenta los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de manera precisa, De ahí que transcribamos ahora esa Presentación (3).

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«El silencio te habla.

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Encuéntrate a ti mismo en el silencio.

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Ponte en marcha, al encuentro del silencio.

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Quien dice silencio, dice Ejercicios en retiro: oasis de paz, remanso de calma, alto en el camino.

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El silencio pacifica el alma, tonifica los nervios, sosiega el espíritu.

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Y hace hallar a Dios.

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El altavoz de Dios es el silencio.

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A eso vienes: a pasar unos días a solas contigo mismo y con Dios.

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A hacer Ejercicios.

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Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

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No te imagines que los días que vas a pasar aquí van a ser días tristes y aburridos: tendrás ocupación abundante e interesante.

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No creas que vas a tener muchos rezos y a oír largos sermones.

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Los días de Ejercicios son días alegres y tranquilos. Lo que tendrás que hacer en ellos será pensar mucho.

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Hacer Ejercicios no es solo oír conferencias sobre timas de espiritualidad.

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Hacer Ejercicios es trabajar intensamente durante varios días en vencerse a si mismo, en dar orientación definitiva a su vida y poner orden perfecto en ella y en todos los afectos del corazón.

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No es lo mismo jugar un partido que asistir a el como mero espectador.

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El protagonista en Ejercicios eres tu. Tu, y no el Director, desempeñas el papel principal. Todo gira alrededor de ti. Todo depende. después de la gracia de Dios, de tu trabajo personal. Los Ejercicios requieren activismo vital.

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  • Cuanto mas pienses tu, y medites y reflexiones, tanto mejor harás Ejercicios.

  • Cuanto mas te apropies lo que oyes y mejor te lo asimiles, tanto mayor fruto sacaras de los Ejercicios.

  • Cuanto mas te dejes empapar de los sentimientos de cada meditación y mejor te pongas a tono con las materias que vayas meditando, tanto mayor efecto producirán en ti.

  • Cuanto mas pidas a Dios y mas íntimamente comuniques con El, tanto mayores serán las maravillas que se obraran en tu alma.

 

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Los Ejercicios son fragua de grandes caracteres y de grandes santos, Los Ejercicios irradian luz que disipa las mas densas tinieblas de la mente, Sosiegan toda inquietud interna.

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Hacen brotar en el alma un surtidor perenne de alegría.

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La robustecen para recorrer sin cansancio el camino del deber.

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Los Ejercicios arreglan el pasado y disponen para el futuro.

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Para el alma atormentada, son un sedante. Para el alma extraviada, orientación.

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Luz y paz, Alegría y fortaleza.

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No temas esperar demasiado de los Ejercicios.

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No temas una decepción.

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Trabaja animosamente por tu parte, Y, sobre todo, pide insultantemente a Dios que te ilumine y te ayude.

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Emprende con valentía la solución del problema de tu vida. Tienes que salir de Ejercicios orientado, decidido, transformado.

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Vienes quizás como llego San Ignacio a su casa después de la derrota de Pamplona: herido y enfermo. Tienes que salir como salió el algún tiempo después: resuelto a ser un verdadero cristiano y, si Dios te lo pide, un apóstol y un santo.

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Hacer Ejercicios: es emprender una aventure espiritual de trascendencia para toda la vida.

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Hacer Ejercicios: es una de las cosas mas serias y mas importantes que se pueden hacer.

Vale la pena de que lo tomes en serio y que lo pruebes muy a fondo.

Procura darte cuenta ahora, al principio:

¿ como vengo yo a los Ejercicios?, ¿ que problema traigo?”

(3) Tirso Arellano, S.J., op. cit.

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NORMAS PRÁCTICAS PARA HACER BIEN LOS EJERCICIOS (4)

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Seriedad. Entra de lleno en los Ejercicios. Entra en ellos bien desde el principio. Empiézalos con grande animo y generosidad, dispuesto a no negar a Dios nada de lo que te pida. Son pocos días: siquiera durante ellos dedícate seriamente a pensar en las cosas de tu alma. De eso depende quizá tu salvación eterna y la de otras muchas almas.

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 Actividad. Procura vencer la pereza y la desgana. No te contentes con oír: trabaja tu personalmente en hacer los Ejercicios, bien persuadido de que si no meditas tu, se no piensas seriamente en lo que oyes, si no reflexionas sobre ti mismo, será todo inútil para ti.

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Silencio. De el depende en gran parte el fruto de los Ejercicios. Entra en un profundo silencio. No hables nunca sin necesidad. Para oír la voz de Dios. Para escuchar la voz de tu conciencia. Para no estorbar a tus compañeros. Para crear un ambiente de recogimiento y oración. Dios y tu; nadie mas en el mundo. Ni una sola palabra inútil; aunque no te vea nadie.

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 Sacrificio. Merece con el las gracias que tanto necesitas. Conseguirías mas gracia si te sacrificaras mas. Se generoso con Dios en sacrificarte. Ofrécele el sacrificio que supone la sujeción de estos días: retiro, silencio, reglamento. Sigue exactamente la distribución: en el levantarte, acostarte, tiempo de lectura, meditación en privado… Cuando mas te sacrifiques, mayor fruto sacaras de los Ejercicios.

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 Meditación. Procura, sobre todo, aprovechar bien todo el tiempo que la distribución señala para meditar. Es el acto mas importante de los Ejercicios, el del trabajo personal, el de la asimilación de las verdades, mediante la reflexión profunda. No te contentes con oír: piensa, reflexiona, medita. Junta la meditación con la oración: pide a Dios con insistencia las gracias que necesites. Te podrías dar por satisfecho si salieras de los Ejercicios habiendo aprendido a hacer oración.

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 Apuntes. Después de cada meditación, toma nota de lo que te haya impresionado. Notas personales, impresiones intimas, sentimientos piadosos, propósitos que vayas haciendo para adelante… Conviene que escribas, es una manera sencilla de meditar: ir escribiendo lo que mas te interesa recordar y lo que mas te puede servir el día de mañana.

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 Confesión. No te preocupes de ella con exceso, ni tengas afán de confesarte demasiado pronto, sino cuando el Padre Director indique que es el momento oportuno. Si dudas si te conviene hacer confesión general, consulta con el Padre Director. Procura prepararte con tiempo sin dejarlo para ultima hora.

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 Tiempos libres. Cada cual los dedica a lo que le convenga para sacar el mayor fruto posible de los Ejercicios:

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  • cumplir la tarea que cada día te marca este Manual

  • preparar la confesión o el plan de vida

  • tomar apuntes de lo que tienes mas interés en que no se te olvide

  • contestar por escrito a los cuestionarios

  • hacer una visita al Santísimo en la capilla.

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Pero sobre todo, estos días dedícate mucho a orar. La oración es un elemento esencial en los Ejercicios. Cuanto mas oración hagas, mayor fruto sacaras. Ora instantemente con fervor.

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Tu consigna durante los Ejercicios:

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SILENCIO… como ambientación necesaria.

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REFLEXIÓN… como elemento principal.

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ORACIÓN… como condición esencial.

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(4) Op. cit.

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1. Coloquio con Jesucristo (6)

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JESUCRISTO: Hijo mío, te espero en el silencio. Ahí es donde te doy audiencia; en el silencio hablare a tu alma y en el oirás mi voz.

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EL ALMA: Lo estoy deseando, Señor. Pero no se por que, consigo con dificultad hacer silencio dentro de mi. Llego a Ti, y a veces vengo de muy lejos, con el espíritu atestado de deseos y de penas, y así no consigo hallar tranquilidad.

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JESUCRISTO: Es que, efectivamente, hijo mío, el silencio es una conquista. Hay que merecerlo. El recogimiento exige un esfuerzo: hay que quererlo. Es mucho mas fácil dejarse llevar, exteriorizarse, vivir en la superficie del alma. Pero eso es construir sobre arena. El que no recoge conmigo, desparrama. El que no se recoge en Mi, se disipa. Haz con valor este esfuerzo. Pídeme humildemente la gracia del silencio interior y, dentro de algún tiempo, hallaras la paz.

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EL ALMA: A decir verdad, Señor hay momentos en que tengo casi miedo del silencio, algo así como se tiene miedo del vacío.

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JESUCRISTO: Ese vacío, hijo mío, yo lo llenare, échate valientemente en el silencio, abraza de corazón esa ley esencial de los Ejercicios, acepta lo que puede tener de amargo la corteza de la soledad. Si eres valiente y fiel, te darás cuenta al cabo de cierto tiempo de que allí estoy yo, en esa soledad, para reconfortar y para enriquecer tu alma.

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EL ALMA: Señor, si estuviera cierto de hallarte, no me importaría. Pero lo que temo mas que nada es el silencio tuyo.

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JESUCRISTO: Tranquilízate, hijo mío: quien me busca fiel y ardientemente, acaba siempre por hallarme. Solo que tengo diversas maneras de manifestarme. A las muchedumbres de Galilea les daba el encanto de mis divinas palabras, para atraer sus almas débiles. Pero durante la Pasión me calle. Y me callo mas aun en la Eucaristía. ¿Es menos expresivo este silencio?

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EL ALMA: El mundo de hoy, tan bullicioso, reconozco que me ha hecho perder el gusto del silencio y necesito aprender de Ti una lección que me es tan difícil.

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JESUCRISTO: Escucha atentamente mis palabras: el que gusta de la soledad sabe a que sabe Dios. El alma tiene necesidad de silencio para adorar. Tienes, hijo mío, que afinar tu alma hasta que pueda escuchar el silencio. Callarse es obligar a Dios a hablar. Cuanto mas recibe el alma en el silencio, mas puede dar el alma en la oración. El silencio es la ayuda que prestas a tu Dios para que El se comunique contigo. La calidad de las almas se calibra por su actitud ante el silencio, por su capacidad de silencio, por el timbre de su palabra interior.

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EL ALMA: Yo siempre había reducido el silencio a una mera medida disciplinar; pero ahora empiezo a comprender su ascetismo y su profundidad.

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JESUCRISTO: En el origen de todo estado místico hay un silencio anterior que es liberación repentina e inefable de todo lo que pesa. El gran beneficio del silencio es que te despega de lo sensible, de lo inmediato, y te hace hallar de nuevo el sentido de lo invisible, te hace poseerte plenamente. Tienes que hacer el silencio en ti, no para contemplarte y admirarte secretamente, sino para tomar posesión de ti mismo y darte del todo a Dios en la entrega del momento presente. El silencio descansa, pacifica y consuela. El silencio lo hace a uno mejor. ¿No has notado que sin silencio no hay recogimiento? Ese precioso recogimiento que favorece la soledad de un sitio retirado, que brota de un corazón pacificado y que se produce dentro por la presencia de un Dios amado. Haz silencio dentro de ti mismo para que hable en ti mi Palabra que se pronuncia en eterno silencio. El silencio, hijo mío, es un sacramento donde me oculto y me doy…

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(5) Op. cit.

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(6) Para rezar el primer día de Ejercicios, en la capilla, a solas.

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 2. Oración para alcanzar el silencio (7)

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«Señor: dame el don del silencio.

El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mi.

 De poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa.

De penetrar perdón,

de abrirme a tus misterios

y de librarme de este otro misterio de mi pecado.

 Hazme hallar, Señor,

ese silencio de plenitud,

que es la Palabra tuya,

la que debe ser oída en eterno silencio.

Hazme andar al unísono con Ella.

Hazme sentir con su propio latido.

 Haz, Señor,

que con tu Verdad y tu Amor me compenetre.

Dame de tu silencio,

Oh Dios;

ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma,

para que en esa invasión sea yo libre,

y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior.

 Señor,

si me das el silencio me conoceré y te conoceré…

y yo quisiera que fuese así,

Señor, porque quisiera comenzar a ser,

de veras, hijo tuyo… Amén.»

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(7) Esta oración es de Santiago Bengoechea.

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LA REFLEXIÓN (8)

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Reflexionar es meditar, que constituye el ejercicio central de los Ejercicios.

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Método para meditar y examen de cada meditación

Como mejor se aprende a meditar es meditando.

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A ello te ayudara también examinar como te ha ido en la meditación.

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Sentado o paseándote, recuerda suavemente el camino recorrido, como quien contempla desde la cima de una montaña el sendero que le ha llevado hasta aquellas alturas.

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Fíjate, por ejemplo, en los puntos siguientes:

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• ¿Preparaste con cuidado la materia; concretándola suficientemente, previendo el fruto que habías de sacar?

• ¿Hiciste bien los preámbulos de la meditación, o los omitiste como cosa inútil?

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• ¿Recordaste los puntos brevemente y entraste pronto en materia?

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• ¿Fuiste activo y diligente en ejercitar el entendimiento: sin prisa, con sinceridad y empeño, sin contentarte con solo discurrir?

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• ¿Estuviste alerta para despertar los afectos?

Atento o distraído:

¿por que?

Devoto o seco:

¿a causa de que?

¿Humilde en el fervor,

animoso en la aridez?

 

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• ¿Te dejaste llevar de la pereza?

¿Luchaste contra la desgana?

• ¿Que luces te ha dado Dios?

¿que emociones has sentido?,

¿que efecto han obrado en ti?

• ¿Cual ha sido tu fidelidad en secundar la acción de la gracia en tu alma?

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• ¿Que fruto has sacado?

(Mayor luz, mas esfuerzo,

convencimiento mas pleno,

voluntad mas decidida,

deseos mas intensos de servir a Dios,

de ser mejor,

de ayudar a los demás,

de corregir tus defectos,

de reformar tu vida,

de apartarte del pecado,

evitar las ocasiones,

formar tu carácter,

vencer tu pasión dominante?

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• ¿Has logrado el fruto que te habías propuesto sacar?

¿Das gracias a Dios?

En caso negativo, ¿por que causa?

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• ¿Que propósitos has hecho?

 Generales: de orientación de disposición de animo,

de manera habitual de portarte en tal ocasión,

con tal persona…

 Particulares: para el día de hoy sobre tal punto concreto,

respecto a aquel peligro u ocasión,

en cuanto a tu manera de proceder en tales circunstancias…

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• ¿Cuando y como has de poner en practica estos propósitos?

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• ¿Te dejaste llevar del ansia de pasar adelante, de ver toda la materia, de terminar pronto?

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• ¿Hiciste aplicaciones practicas?

A tu caso,

a tu carácter,

a tu pasión dominante,

a tu ambiente interior habitual…

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• ¿Hablaste con Dios en los coloquios?

Con reverencia,

Con humildad,

perseverancia…

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• ¿Que idea es la que te ha penetrado mas a fondo?

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• ¿Que es la que quisieras conservar de esta meditación?

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Escribe en tres o cuatro líneas el resultado de la meditación: califica tu mismo tu actuación.
He aquí la mas importante del examen:

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• Si te ha ido mal, pide perdón a Dios,

busca valientemente la causa del mal resultado,

localízala todo lo mas que puedas y aplica con decisión el remedio.

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• Si te ha ido bien, agradéceselo a Dios y pídele gracia para seguir mejorando en adelante.

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Si eres fiel en hacer este examen después de cada meditación, aprenderás a meditar bien y llegaras a hacerlo con gusto y facilidad, ayudado de la gracia de Dios.

(8) Op. cit.

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LA ORACIÓN

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1. Consejos para orar (9)

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Preparación

 •Oye con gran atención al P. Director cuando expone la materia de la meditación. Procura quedarte con los puntos esenciales, de modo que retengas el esquema y puedas hacer el resumen.

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• Mientras escuchas, vete pensando tu por dentro con gran actividad interior: de tal manera que sean dos cosas simultáneas: oír y pensar.

 • Antes de empezar a orar, señalate el tema o los temas de conversación que vas a tratar con Dios: si los concretas brevemente por escrito, mejor. Con precisión, con orden, con claridad.

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 Introducción 

• ¿A donde vas y a qué? Vas a la oración y vas a entrar en contacto intencional y amoroso con El, vas a conversar familiarmente con quien sabes que te ama. Vas a tomar conciencia de que Dios esta contigo; vas a elevar tu alma hacia Dios para unirte con El por el afecto; vas a oír a Dios que te hable silenciosamente; vas a dejar desbordarse tu alma a impulsos de la fe, de la esperanza, del amor; vas a poner tu vivir sincronizado con el pensamiento y con la voluntad de Dios…

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 • Eleva tu pensamiento: Dios te ve. Levanta tu corazón: Dios te ama. Ponte bajo el influjo de su mirada amorosa. • Cuando estas ante Dios, en reverencia y en amor, oras. Toda palabra dicha a Dios, cuando sale del fondo del corazón, El la escucha con amor.

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 Ambientación

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 • Empieza siempre tu oración humillándote: te basta con responder pensando en tu miseria y tu pecado.

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 • Ofrece a Dios tu oración, pídele su gracia, rectifica la orientación de tu vida: buscar a Dios.

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 • Reconstruye la escena: trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte muy en ambiente. Hazte presente a los hechos.

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 • Sabes que buscas en esta oración, ¿que te propones? Pídeselo a Dios de corazón.

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 Actuación

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• Trae a tu mente el tema de la conversación: Dios lee tu pensamiento y puedes hablar con El sin palabras: con sencillez, con sinceridad, en espíritu y en verdad.

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• Coméntalo con Dios: le cuentas la escena, le explicas la verdad de lo que se trata, te impagas de su luz y de su calor como cuando tomas e sol, te paras para contemplar el panorama como cuando subes a un monte, saboreas los efectos, te complaces en los sentimientos que Dios suscite en tu corazón..

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• Deja que Dios, ore en ti y contigo: préstale tu mente y tu corazón, Pide por Cristo, adora con Cristo, ama a Dios en Cristo. Procura también unirte a toda la Santa Iglesia: a tantas almas fervorosas que oran y aman a la vez contigo y por ti.

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 Actitud

 

• Toma la postura que mas te ayude: no la mas molesta, ni la mas cómoda: busca la quietud total.

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• No tengas prisa: ora con calma, sosegadamente, con gran paz, como quien respira a ritmo lento.

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• No vaciles en pedir, pero procura también adorar, agradecer, arrepentirte, desear, confiar, amar.

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• Supera las distracciones: no te atasques en ellas, ni te desanimes por ellas, no desistas de orar a pesar de todo.

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• Ejercita ante todo la voluntad, levanta tu corazón y manténlo levantado. Con afectos de esperanza: aprende a esperar contra toda esperanza. Con sentimientos de amor: ama al menos con el deseo.

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• Refuerza y recalienta las ideas con afectos: afectos nobles, vigorosos, sanos, elevados, santos…

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¿Oración o lectura?

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• No conviertas la oración en lectura: el libro te impediría orar.

• Si no puedes otra cosa, haz lectura meditada: poca dosis de lectura y mucha de reflexión.

• Sigue la pauta del libro o del apunte, pero en atarte: solo en la medida en que ti ayuden.

• Si puedes prescindir de ellos, mejor: da vuelo a tu pensamiento y a tu corazón. Comunícate, ora, ama.

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 Finalmente…

• Si quieres avanzar en la oración, se mortificado.

• Tu oración ha de ser dialogo y no monologo.

• Mas que hacer actos de oración, aspira a vivir en estado de oración. • Ten confianza en Dios: mírale como Padre.

• Busca en todas las cosas a Dios con paz.

• Así iras hallando tu comino en la oración.

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 (9) Op. cit.

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 2. Oraciones usuales (10)

 Se trata de iniciarte en la vida de oración.

Se quiere que encuentres abundancia de formas de expresión para tu trato con Dios.

Háblale tu a tu modo.

Si no aciertas, habla con El valiéndote de estas preces.

Tómalas con amplitud.

Procura apropiártelas,

hacerlas tuyas,

sentir lo que dices,

dar vida y calor a la letra muerta.

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Empieza tu a orar con sencillez y con fervor,

y luego la oración brotara espontanea del fondo de tu corazón.

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(10) En cada capitulo relativo a las etapas de los Ejercicios se incluyen otras preces, orientadas a los objetivos de la etapa respectiva.

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Padrenuestro

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Padre nuestro,

que estas en el cielo:

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reina;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotras perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

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Credo de los apóstoles

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Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo,

nuestro Señor que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado,

muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucito de entre los muertos,

subió a los cielos y esta sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la Santa Iglesia Católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna. Amén.

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 Yo pecador

Yo confieso ante Dios todopoderoso,

y ante ustedes hermanos,

que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa,

por mi culpa,

por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,

a los ángeles,

a los santos y a ustedes hermanos que intercedan por mi ante Dios, Nuestro Señor.

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Alma de Cristo

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Alma de Cristo, santifícame

Cuerpo de Cristo, sálvame

Sangre de Cristo, embriágame

Agua del costado de Cristo, lávame

Pasión de Cristo, confórtame

Oh mi buen Jesús, óyeme

Dentro de Tus Llagas, escóndeme

 No permitas que me aparte de Ti

Del maligno enemigo, defiéndeme

 A la hora de mi muerte, llámame

Y mándame ir a Ti Para que con Tus Santos te alabe Por

los siglos de los siglos.

Amén.

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Ojos de Jesús, mírenme

Ojos de Jesús, mírenme

Labios de Jesús, háblenme

Pies de Jesús, búsquenme

 Manos de Jesús, bendíganme

Brazos de Jesús, abrácenme

Corazón de Jesús, ámame

 Y a la eterna gloria, llévame.

Amén.

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Toma, Señor

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Toma Señor y recibe, mi memoria,

mi entendimiento y toda mi voluntad,

todo mi haber y poseer;

Tu me lo diste,

a Ti Señor lo torno.

Dispón de todo a tu voluntad.

Dame Tu amor y Tu gracia,

que con ello me basta.

Amén.

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Señor mío, Jesucristo

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Señor Mío Jesucristo,

Dios y Hombre verdadero,

Creador, Padre y Redentor mío,

por ser quien eres y porque te amo sobre todas las cosas,

a mi me pesa de todo corazón,

haberte ofendido.

Propongo firmemente nunca mas pecar,

apartarme de las ocasiones de ofenderte,

confesarme,

y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Te ofrezco mi vida,

obras y trabajos,

en satisfacción de todos mis pecados;

y confío que en Tu divina bondad y misericordia infinita me los perdonaras,

por los méritos de Tu Preciosisima Sangre.

Pasión y Muerte,

y me darás gracia,

para enmendarme y perseverar en Tu Santo Servicio,

hasta el fin de mi vida.

Amén.

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Espíritu Santo

Espíritu Santo,

Autor de toda luz:

ilumina mi inteligencia,

para que conozca la verdad y mueve mi voluntad,

para cumplirla.

Amén.

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Gloria

Gloria al Padre,

al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio,

ahora y siempre,

por los siglos de los siglos.

Amén.

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Ave María

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Dios te salve, María,

llena eres de gracia,

el Señor es contigo,

y bendita tú eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

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Santa María,

Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

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Memorare [Acuérdate] Acuérdate,

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¡Oh piadosisima Virgen María!,

que jamas se oyó decir,

que ninguno de los que han acudido a tu protección,

implorado tu asistencia

y reclamado tu socorro haya sido abandonado de ti.

Animado de esta confianza,

a ti también acudo,

oh Madre Virgen de las vírgenes,

y gimiendo bajo el peso de mis pecados,

me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana,

¡Oh Madre de Dios y Madre nuestra!,

no deseches mis suplicas,

antes bien, escúchalas y acógelas benignamente.

Amén.

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La Salve

Dios te salve,

Reina y Madre de Misericordiosa,

vida, dulzura y esperanza nuestra,

Dios te salve.

A ti llamamos,

los desterrados hijos de Eva,

a ti suspiramos,

gimiendo y llorando,

en este valle de lagrimas.

Ea, pues, Señora,

abogada nuestra,

vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.

Y después de este destierro,

muéstranos a Jesús,

fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementisima!

¡Oh piadosa!

¡Oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de

Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

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Fuente: Tirso Arellano, S.J

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