Vine para que tuvieran vida en abundancia.  La cruz fue alas que me elevaron hacia el cielo… fue supremo acto de servicio:  por Dios y por ustedes.

  • La cruz,  para quien no cree,  cuando le llega es algo que lo aplasta contra el suelo.
  • La cruz,  para quien cree,  es algo que nos lleva al valor del esfuerzo y del sacrificio,  del amor y de la entrega.

Les  dije  en  tres  montañas

  • Bienaventurados cuando les persigan por mi causa.  Cuando  no les entiendan, cuando les traten de locos,  cuando les aparten y les calumnien,  cuando por falsos pretextos les digan que  «eso de creer» es para los foros más internos.

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  • En la Montaña de las Bienaventuranzas les advertí:   sus lágrimas,  cuando sean de sangre,  se convertirán en puertas abiertas en el cielo.

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  • En el  Calvario no les dije con palabras.  Pero habló mi vida.  Mi sangre derramada fue sin duda la mejor obra sin necesidad de abrir mis labios.  Lo dije  y les digo:  no hay mayor grandeza que dar la vida por los amigos y,  también,  por los enemigos.  Fue la primera transfusión de sangre bajada desde el cielo.  A  partir de entonces muchos… han recobrado y han tenido nueva  vida.  ¡Da gracias al Padre! .

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  • En el  Tabor,  en mí resplandor Dios dijo que las horas de mi triunfo exigen horas de muerte.  Que el anuncio de gloria viene precedido por momentos de fracaso aparente.  ¿Lo  recuerdan?… Pues también les dije.

 

A Y U N O

«Hay por ahí quienes observan la cuaresma

antes regalada que religiosamente,

y se dan más a la invención de manjares nuevos

que a reprimir pasiones viejas.

Se hacen con múltip´les y costosas provisiones

de todo género de frutos,  hasta dar

con los platos más variados y suculentos;

y, rehuyendo tocar las ollas donde se coció la carne,

por no mancillarse,  abrevan  sus cuerpos

en los más refinados placeres del sentido».

(San Agustín)

El Miércoles de Ceniza ayunan los cristianos.  Habría que ver que tanto por cierto.  Pero este espectáculo produce desazón.  ¿A qué reduce ese día de ayuno?  ¿Por qué y para qué y cómo ayunamos? ¿Para cumplir o para hacer obras buenas?  ¿Para imitar a Cristo?  No sé  si ganaremos méritos, ¿pero ganan algo los pobres con nuestro ayuno? ¿Dejan de ayunar por eso los hambrientos del mundo?  Porque éste es el problema;  si el hambre es el mayor castigo y el mayor pecado de nuestro tiempo,  ¿no resulta ridículo y hasta burlesco que ayunemos un día,  para seguir tranquilos,  sintiéndonos,  buenos cristianos?

Ayunemos desde la solidaridad.  Hoy sólo se puede hablar de ayuno gritando la injusticia en que vivimos.  Hoy sólo se puede ayunar luchando para que otros no ayunen.  Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor,  la impotencia y la rabia de los millones de hambrientos.

Ayunar es amar.  El ayuno que Dios quiere sigue siendo partir tu pan con el hambriento;  privarte no sólo de lo bienes superfluos,  sino aún de los necesarios en favor de los que tienen menos;  dar trabajo al que no lo tiene o ayudar a solucionar el problema del desempleo;  curar a los que están enfermos de cuerpo o de espíritu;  liberar al drogadicto o prevenir su caída;  denunciar toda injusticia;  dar amaor al que está solo y a todo el que se te acerca.

Ayunar es amar. No demos importancia a la comida de la que se priva un satisfecho.  Damos importancia a la comida que posibilitamos a un hambriento.  No importa quedarnos nosotros un día sin comer.  Si importa dar a Dios un día de comer.  Sea,  pues nuestro ayuno voluntario impedir los ayunos obligados de los pobres.  Ayunemos para que nadie tenga que ayunar.  También concedo otra legitimación del ayuno.  Sea el ayuno signo de nuestra libertad y protesta contra la tiranía del consumismo:  Bienvenido este Miércoles de Ceniza si me entrena en la lucha permanente contra las seducciones consumistas.  Ayunemos para saber decir no a la oferta seductora de la manzana paradisíaca o televisiva.  No quiero decir ser puro cliente del mercado.  Ayunemos para la libertad.  Y ayunemos para la austeridad. Ayunemos para nuestra paz;  por aquello de que no es más feliz el que más tiene y más consume,  sino el que más es menos y menos necesita.

EL  VERDADERO  AYUNO

Debe ir unido con el amor al próximo y comporta una búsqueda de la verdadera justicia (Is 58, 2-11).  Alcanza su sentido pleno,  cuando nos asimila «a la Cruz de Cristo».  Es el significado específico del ayuno pascual (Nocent).

Lo expresa bellamente (San Agustín):  «Ayunemos, pues,  humillando nuestras almas ante la proximidad del día en que el Maestro de la humildad se humilló a sí mismo haciéndose obediente  hasta la muerte en cruz.  Imitemos  su crucificción sujetando a la cruz,  con los clavos de la  abstinencia,  nuestras pasiones desenfrenadas».

 

Fuente:Cáritas, Creadores de cauces de encuentro y amor,1982