Escrito de inspiración privada por Ma. Valtorta .

Dice Jesús:   «Pido que  mi sangre sea amada y usada para las infinitas necesidades de las almas.
No dejen sin fruto este océano de potencia cuyas olas son dadas por mi Sangre.  Pero, aún sería bueno que la Sangre del Redentor tuviera mucho mayor culto del que tiene,  también es cierto que, dada su Santidad,  Yo confío este culto y este misterio a las almas más dotadas de dotes espirituales.
MI SANGRE LA CONFÍO A LOS AMIGOS ENTRE MIS AMIGOS.  Quien se haya entregado totalmente
por las cosas de su Señor, recibirá del Señor gran regalo en su Reino, así se los dice el Señor, así se los dice el Redentor, así se los dice el Amor, y así será porque Dios es Fiel y Veraz y da el ciento por uno.
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Ahora, en Julio, el mes de mi Sangre, reza cada día así:
Divinísima Sangre,
que brotas por nosotros de las venas del Dios hecho hombre,
desciende como Rocío de Redención
sobre la Tierra contaminada
y sobre las almas
a las que el pecado
hace semejantes a leprosos.
He aquí que yo te acojo,
Sangre de mi Jesús, y te derramo
sobre la Iglesia, sobre el
mundo, sobre los pecadores,
sobre el purgatorio.
Ayuda, alienta, limpia, enciende,
penetra y fecunda,
¡Oh Divinísimo Jugo de Vida!

Que la indiferencia y la culpa

no pongan obstáculos a tu fluir
sino al contrario,
por los pocos que te aman,
por los innumerables
que mueren sin Tí,
acelera y difunde sobre todos
esta Divinísima lluvia,
a fin de que a Tí
se vaya confiados en la vida,
por Tí se sea perdonados
en la muerte,
Contigo se vaya
a la gloria de tu Reino. Así sea.»
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EMPAPADOS EN SU SANGRE
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El alma que sabe hacer de su vida una continua unión con la Mia, me glorifica mucho y trabaja últimamente en bien de las almas, Está, por ejemplo, ejecutando una acción que en sí misma no vale mucho, pero la empapa en mí Sangre o la une a aquella acción hecha por Mí durante mí vida mortal, el fruto que logra para las almas es tan grande o mayor quizá que si hubiera predicado al universo entero;  y esto, sea que estudie o que hable  que escriba, ore, barra, cosa o descanse;  con tal que la acción reúna dos condiciones:
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primero,  que esté ordenada por la obediencia o por el deber,  no por el capricho;
segundo,  que se haga en intima unión conmigo,  cubriéndola con mi Sangre y con gran pureza de intención.
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¡Cuánto deseo que las almas comprendan esto:  que no es la acción la que tiene en sí valor,  sino la intención y el grado de unión con que se hace! Barriendo y trabajando en el taller de Nazaret, dí tanta gloria a mí Eterno Padre como cuando prediqué durante mi vida pública.  Hay muchas almas que a los ojos del mundo tienen un cargo elevado, y en él,  dan grande gloria a mi Corazón,  es cierto, pero tengo muchas otras que, escondidas y en humildes trabajos,  son obreras muy útiles a mi viña porque es el amor el que las mueve y saben envolver en oro sobrenatural las acciones más pequeñas,  empapándolas en mi Sangre.
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Mi Amor llega a tal punto,  que de la nada pueden mis almas sacar grandes tesoros. Si desde por la mañana se unen a Mí  y ofrecen el día con ardiente deseo de que mi Corazón se sirva de sus acciones para provecho de las almas,  y van,  hora por hora y momento por momento cumpliendo por amor con su deber.  ¡Qué tesoros adquieren en un día!… Yo les iré descubriendo más y más mi amor…  ¡Es inagotable!…  Y   ¡es tan fácil al alma que ama dejarse guiar por Amor…»
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Mi Sangre convierte a los pecadores. Ofrece,  por esa alma,  la Victima Divina al Eterno Padre… Ofrece la Sangre de mí Corazón.  Adora la Sangre Divina de Jesús, y pide con gran fervor que se derrame sobre esta alma para que la ablande,  la perdone y la purifique… e invoca muchas veces a su Angel de la guarda y ruega mucho por ella.  Ofrece la Sangre Divina:  Nada hay de tan alto precio.
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Repite conmigo :  Padre Eterno;   mira estas almas bañadas con la Sangre de tu Hijo, víctima que se ofrece sin cesar;  esta Sangre que purifica, consume y abrasa,  ¿no tendrá eficacia bastante para ablandar estas almas?
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Sufre con mucho amor. Ofrece sin cesar mi Sangre por las almas…  Ofréceme  todas tus acciones bañadas en mi Sangre.  No desperdicies nada.  Todo servirá para esta alma.  Recoge la Sangre que derramé en mí Pásión.  Pide perdón por el mundo entero,  por estas almas que
conociéndome me ofenden… y ofrécete para expiar tantos pecados.
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Dí: «¡Padre Bueno, Padre Santo,  Padre misericordioso! Recibe la Sangre de Tu Hijo,  sus Llagas,  su Corazón…  Mira su Cabeza traspasada por las espinas…  No permitas que esta Sangre sea una vez más inútil…  No olvides que no ha llegado aún el tiempo de la Justicia,  sino el de la Misericordia.» Ofrece,   por esta alma,  la Victima Divina al Eterno Padre… Ofrece la Sangre de mí Corazón.
El mundo corre a su perdición.  Busco almas que reparen tantas ofensas,  pues mi Corazón se consume en deseos de perdonar. Sí…
perdonar a mis amados hijos por los cuales derramé toda mí Sangre… ¡Como me ofenden las almas!,  pero lo que más me destroza es que ellas mismas se precipitan ciegamente en su perdición.  Ya puedes comprender cuanto sufro al ver cómo se pierden tantas almas que me han costado la Vida.  Este es mi dolor:  que mi Sangre sea inútil para ellas.
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Escrito de inspiración privada por
Josefa Menénde.
Fuente: Un llamamiento al Amor