33 Días camino hacia Belén: Sal de Tú cielo, (Día 19) “Padre, Guillermo Serra,L.C.”

10 diciembre, 2016

Sal de Tú Cielo , Día 19

Sábado 10 de diciembre de 2016

“Te presento mis heridas”

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Sin tu misericordia, el mundo no existiría.

Sin tu misericordia, mi corazón no existiría,

no podría amar porque no sabría ser amado.

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“Te presento mis heridas”

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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Breve silencio para ponerse en presencia de Dios,

rogando a María Santísima sea nuestra compañera

y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

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ORACIÓN CAMINO A BELÉN

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Querido niño Jesús:

Te quiero hacer presente aquí, en este rato de oración.

Muchas veces pienso en ti, me acuerdo de ti,

pero no te pienso. Pensarte es quererte y quererte es buscarte.

Sí, quiero buscarte, caminar hacia ti,

pero sabiendo que Tú me buscas siempre primero.

Quiero recorrer este camino de la mano de María,

tu madre, sostenido por  el auxilio del Espíritu Santo,

para que tu Amor se revele en plenitud dentro de

mi corazón en esta Navidad.

 

CITA

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Mis heridas en las tuyas, mi miseria en tu misericordia.

Quiero vivir la más alta expresión de tu amor para crecer,

volar, ser libre, sanar y alcanzarte, Señor.

Sin tu misericordia, el mundo no existiría.

Sin tu misericordia, mi corazón no existiría,

no podría amar porque no sabría ser amado.

(Sal de tu Cielo. Cap. 2.11).

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REFLEXIÓN

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¡Mi corazón guarda tantas heridas!

Dolores físicos, ofensas, traiciones,

anhelos no cumplidos, sueños truncados.

Rara vez comparto el dolor que llevo dentro

pues me colocaría en una posición de vulnerabilidad.

No quiero ser juzgado,

tampoco que sientan lástima por mí,

pero sí necesito un abrazo

y un consuelo que partan desde el Amor incondicional.

De esa manera conseguiré también perdonarme a mí mismo

por el dolor que originan mis faltas de amor en mi conciencia

.

 

Sólo haría falta que abriera mi corazón a Jesús,

quien conoce cada lágrima y cada herida.

Hacer un acto de inteligencia y voluntad para exponer mi corazón,

aunque Él conozca a la perfección lo que hay dentro.

Me bastaría poner en práctica aquellas palabras

de Benedicto XVI: ¡Abrid! Abrid de par en par las puertas a Cristo.

Él no quita nada y lo da todo.

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Necesito dejar que Jesús camine en mi corazón

y que Él me cuente la historia de mi vida desde su perspectiva:

el amor infinito que tiene por mi alma.

Cristo no sólo quiere sanarme

sino que Él ya ha cargado con mi dolor:

“Más fue herido por nuestras faltas,

molido por nuestras culpas.

Soportó el castigo que nos regenera

y fuimos curados con sus heridas”(Is 53,5).

Mis heridas se curan en las suyas

y cuando me refugio en ellas de alguna forma,

mi dolor se convierte en un bálsamo para su dolor.

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Contemplo a Jesús, mi Salvador en el pesebre,

y me doy cuenta que ahora sé a quién acudir para sanarme.

Mis heridas curadas serán la señal del amor y la victoria de Dios.

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ORACIÓN

 

LÍBRAME SEÑOR

Vengo a tu presencia, Señor

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Con heridas profundas y lleno de temor

Mi pasado pesa más que mi esperanza

Mi dolor obscurece el sol de tu presencia

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¡Sáname Señor! Quiero ver tu amanecer

Escuchar tu voz y ser libre

Caminar por esta vida con una sonrisa

Descubrir tu mirada sanadora

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Líbrame de todo mal

Líbrame de todo rencor

Líbrame de todo recuerdo

Líbrame de todo miedo

Líbrame de lo que no seas Tú

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¡Sáname Señor, muéstrame tu corazón!

Limpia el mío de toda mancha y desconfianza

Purifícalo de todo apego personal

Séllalo con la cruz de tu perdón

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Jesús a mi alma

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Vine al mundo como doctor

Ábrete a mi gracia

Suelta las amarras de tus seguridades

Lánzate a lo profundo de mi amor

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Deja todo en mis manos redentoras

Despréndete de tu pasado y perdónate

Yo te perdoné y no quiero verte triste

Confía en la misericordia de mi corazón

.

Camina sobre mis huellas

Mira al cielo y sonríe

Desde el cielo te bendigo y te pido:

¡Déjame sanarte y besarte cada día!

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Del libro Jesús a mi alma. P. Guillermo Serra, L.C.

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PROPÓSITO

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Enlistaré las heridas más profundas de mi corazón en la carta que entregaré a Jesús en Navidad, reconociendo que solo su Amor es capaz de sanarme. Al final de mi lista daré las gracias por mi sanación y alabaré al divino Doctor de mi alma.

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Autor.P. Guillermo Serra, L.C.

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