33 Días camino hacia Belén: Sal de Tú Cielo (Día 18) “Padre Guillermo Serra, L.C.”Tú Cielo

9 diciembre, 2016

“TEN PRESENTE MI MISERIA”

Sal de Tú Cielo. Día 18 ,

Viernes 09 de Diciembre 2016

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Jesús nos acoge porque nos conoce.

Sabe qué hay en nuestro corazón, conoce nuestros límites,

pecados e imperfecciones.

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“Te presento mi miseria”

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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Breve silencio para ponerse en presencia de Dios,

rogando a María Santísima sea nuestra compañera

y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

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ORACIÓN CAMINO A BELÉN

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Querido niño Jesús:

Te quiero hacer presente aquí, en este rato de oración.

Muchas veces pienso en ti, me acuerdo de ti, pero no te pienso.

Pensarte es quererte y quererte es buscarte.

Sí, quiero buscarte, caminar hacia ti,

pero sabiendo que Tú me buscas siempre primero.

Quiero recorrer este camino de la mano de María, tu madre,

sostenido por  el auxilio del Espíritu Santo,

para que tu Amor se revele en plenitud

dentro de mi corazón en esta Navidad.

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CITA

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Jesús nos acoge porque nos conoce.

Sabe qué hay en nuestro corazón,

conoce nuestros límites, pecados e imperfecciones.

No espera nada de nosotros,

¡nos espera a nosotros!

Somos vistos por Jesús con amor y misericordia.

(Sal de tu Cielo. Cap. 2.6)

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REFLEXIÓN

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Después de escuchar a Jesús llamarme por mi nombre

y considerar todo aquello que soy y que no soy,

reconozco que soy muy pequeño, frágil, limitado.

Y al mismo tiempo me maravillo de su Corazón

que me acoge como soy.

La misericordia es la palabra que mejor describe el Amor de Dios.

Mi miseria en su Corazón.

En mi miseria me ama y en ella me redime.

Lo único que me pide es que la exponga,

que la ponga entre sus manos

y lo deje hacer, me deje hacer por Él.

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Experimentar un amor así, perfecto,

debe mover mi corazón a hacer lo mismo.

Si soy consciente de mi miseria y se la entrego a Jesús,

Él podrá convertir mi corazón de piedra en un corazón de carne

que busque ser misericordioso con los demás,

no solo con palabras o con perdón,

sino con obras concretas que atiendan las carencias de mis hermanos.

He pasado un año completo reflexionando en la misericordia

y… ¿qué me ha quedado de todo ello?

Tal vez he recibido más de una indulgencia plenaria pero,

¿me cuesta menos trabajo perdonar a otros?

¿He aprendido a ver el rostro de Jesús

en el que sufre o pasa necesidad cerca de mí?

Jesús me llama por mi nombre,

mi nombre es miseria,

pero cuando sus labios lo pronuncian con infinita misericordia

y yo lo escucho, puede convertirse en amor.

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ORACIÓN

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RECOSTADO EN TU COSTADO

Al final de la vida

se nos examinará del amor

Al final de tu vida

nos regalaste la lección de tu amor

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En tu corazón no cabía más ternura

Y en la noche santa de tu cena más íntima

sabiendo que la traición la hacía más oscura

brilló la luz ardiente de tu alma limpia

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Con palabras suaves y gestos sorprendentes

desvelaste el amor del Padre por los hombres

Sólo el Hijo puede dar lo que recibió

de Aquél que ama y es amado

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Sólo Juan alcanzó a vislumbrar ese tierno corazón

descansando su cabeza en tu pecho frágil

Recostado en tu costado, escuchó los latidos del Maestro

del Amor más grande, que todo el universo

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Nadie conoce al Padre sino el Hijo

Y este Hijo vivió en el costado del Padre

desde la eternidad hasta que un día

habitó entre nosotros, huérfanos con hambre

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Recostado en tu costado, Jesús mío

quiero  descubrir el sentido de mi vida

Aprender lo que es vivir sin límites

Estar dispuesto a morir por el Amado

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Recostado en tu costado, Jesús mío

pasará el tiempo y la cruz será ligera

Escucharé el ritmo de tu amor

Caminaré a tu lado sin temor

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Recostado en tu costado, Jesús mío

Sanaré mis miserias a tu lado

Seré testigo fiel de tu misericordia

Alcanzaré el cielo tomado de tu mano

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Recostado en tu costado, quedaré prendado

Seré esclavo del Esclavo encarnado

de mi Rey que nace pobre en Belén

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Del libro Jesús a mi alma. P. Guillermo Serra, L.C.

PROPÓSITO

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Escribiré en mi carta a Jesús dos acciones concretas para ejercer la misericordia, ya sean obras corporales o espirituales, con alguien cercano a mí y con alguien a quien no conozca.

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Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.

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