33 Días de camino hacia Belén: Sal de Tu Cielo: Día 6 P. Guillermo Serra L.C.

27 noviembre, 2016

   SAL DE TÚ CIELO : DÍA 6

Domingo 27 de noviembre.

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Vayamos con alegría al encuentro del Señor ¡Qué alegría sentí cuando me dijeron: Vayamos a la casa del Señor!

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MEDITACIÓN PARA HACERSE EN FAMILIA

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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Breve silencio para ponerse en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

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Breve silencio para ponerse en presencia de Dios, rogando a María Santísima sea nuestra compañera y guía en este camino hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.

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ORACIÓN CAMINO A BELÉN

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Querido niño Jesús: Te quiero hacer presente aquí, en este rato de oración.  Muchas veces pienso en ti, me acuerdo de ti, pero no te pienso. Pensarte es quererte y quererte es buscarte. Sí, quiero buscarte, caminar hacia ti, pero sabiendo que Tú me buscas siempre primero. Quiero recorrer este camino de la mano de María, tu madre, sostenido por  el auxilio del Espíritu Santo,  para que tu Amor se revele en plenitud dentro de mi corazón en esta Navidad.

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CITA

“Vayamos con alegría al encuentro del Señor. ¡Qué alegría sentí cuando me dijeron: Vayamos a la casa del Señor! Y hoy estamos aquí, Jerusalén jubilosos, delante de tus puertas… Digan de todo corazón: “Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa”. (Sal 121)

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REFLEXIÓN

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En este primer domingo de Adviento, el sentimiento que debe predominar en nuestros corazones es el de la alegría. El corazón debe llenarse de gozo al saber que nuestro Salvador viene a nosotros. ¡Esa es la Buena Nueva! Y cuando recibimos una buena noticia, la queremos comunicar; cuando recibimos un gran regalo, lo queremos compartir. ¿Con quién? Con quien más queremos.

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El camino a Belén no tiene necesariamente que recorrerse solo. Cada persona debe hacer una elección por Cristo, pero los compañeros de camino son quienes nos dan aliento y nos levantan. La Iglesia en general y la familia como pequeña Iglesia doméstica nos sostienen y nos señalan el camino.

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El Adviento y la Navidad son tiempos que evocan y despiertan el anhelo por la paz. La paz, mi paz, nuestra paz es el fruto de la fe. Es el resultado de tener la certeza de que si Dios nos ama, todo estará bien. Nada ni nadie puede cambiarlo. Nuestra alegría debe provenir de reconocernos amados y en consecuencia amar, amar a Dios y a nuestros hermanos.

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Si Jesús es esa fuente de paz y de alegría, ¿cómo no ir a su encuentro? ¿Cómo no llevar conmigo a quienes más quiero? ¡Vayamos! Vamos todos juntos hacia Belén, dejando atrás nuestras preocupaciones, tristezas, rencores y pecados. Animémonos unos a otros con la confianza de que el niño Jesús nos espera a cada uno.

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Tengamos como meta la cueva de Belén, contemplemos a Dios, Creador de todo lo que existe y Dueño absoluto de nuestras vidas, en la persona del Hijo, un vulnerable y tierno bebé que duerme en paz en los brazos de María Santísima. Todo es silencio. Todo es paz.

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ORACIÓN

A LA LUZ DE LAS ESTRELLAS

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Bajo su luz brillante y suave
gritaría al mundo que existes

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Bajo su tintineo constante
caminaría firme hacia ti

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Bajo su silencio humilde
contaría bendiciones y amores

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Bajo su gloria majestuosa
dormiría sueños de cielo

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Bajo su mirada alegre
dibujaría historias en la arena

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Bajo sus lágrimas eternas
recordaría presencias y caricias

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Bajo su peso ligero
volaría mi corazón a tu encuentro

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Bajo estas tus estrellas, Dios mío
testigos vivos de tu promesa
avanzo cada día hacia mi destino
envuelto en tu gran belleza
que me cuida como a un niño
y me carga como a una oveja

Del libro Jesús a mi alma, P. Guillermo Serra L.C.

PROPÓSITO

El día de hoy encenderemos la primera vela de la corona de Adviento. En familia, pensemos en todas las razones por las que nos sentimos alegres y demos gracias a Dios por ellas.

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En silencio y a la luz de la vela, cerremos nuestros ojos e imaginemos la oscuridad y el silencio de la noche de invierno. Veamos de pronto la estrella de Belén en el cielo, la cueva iluminada tenuemente y a Jesús en manos de María. Quedémonos un momento ahí para experimentar el amor de “Dios con nosotros”.

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Y ahora, hagamos un compromiso por volver ahí el día de Navidad, ayudándonos mutuamente a tener paz y animándonos para tener las actitudes correctas en el camino. Repitamos juntos: ¡Vayamos con alegría al encuentro del Señor!

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Autor: Padre Guillermo Serra, L.C.

 

 

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