Algunas reflexiones sobre el oficio de Pentecostés

11 junio, 2011


El  Oficio  de Pentecostés

 

Nada hay tan característico de esta fiesta como el himno  “Veni  Creator”. Lo canta la Iglesia  en las  l  y  ll  Vísperas.  Y en el transcurso del año eclesiástico,  no empieza ningún acto  solemne sin invocar al Espíritu Santo con este mismo cántico tradicional.

 

Mucho ayudará a nuestra devoción al  Espíritu Santo,  si haciendo algunas reflexiones acerca de esta hermosa  oración la comprendemos mejor.

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 

HIMNO

Ven,  Creador,  Espíritu amoroso,

ven y visita el alma que a ti clama

y con tu soberana gracia inflama

los pechos que criaste poderoso.

 

Tú que abogado fiel eres llamado,

del  Altísimo don, perene fuente

de vida eterna,  caridad ferviente,

espiritual unción,  fuego sagrado.

 

Tú te infundes al alma en siete dones,

fiel promesa del Padre soberano;

Tú eres el dedo de su diestra mano,

tú nos dictas palabras y razones.

 

Ilustra con tu luz nuestros sentidos,

del corazón ahuyenta la tibieza,

haznos vencer la corporal flaqueza,

con tu eterna virtud fortalecidos.

 

Por ti,  nuestro enemigo desterrado,

gocemos de paz santa duradera,

y,  siendo nuestro guía en la carrera,

todo daño evitemos y pecado.

 

Por ti al eterno Padre conozcamos,

y al Hijo, soberano omnipotente,

y a ti,  Espíritu,  de ambos procedente,

con viva fe y amor siempre creamos.  Amén.

 

Ant. 1 Cuando llegó el día de Pentecostés,  estaban todos reunidos en un mismo lugar. Aleluya.

 

Veni –  Ven”

“Ven”,  quiere decir:  Vence todos los obstáculos,  doblega aun las voluntades.

“ven”,  tiene un sabor especial según el grado de santidad a que ha llegado un alma; cuanto más santa,  más ardiente es su deseo,  y al mismo tiempo más facilidad encuentra en ella la acción del Espíritu Santo.

 

Creator –  Creador”

Al Padre se le atribuye la creación natural del universo visible,  el gobierno con que lo rige y la  providencia con que dispone todos los acontecimientos.

 

Al Espíritu Santo se le atribuye la creación sobrenatural de los justos,  el gobierno de los santos y la providencia del mundo sobrenatural”.  (Oración del Sábado después de Pentecostés:  “cuya sabiduría nos ha creado y cuya providencia nos gobierna”. )

Él es el que crea en nuestras almas un corazón puro; (Crea en mí, oh Dios, un corazón puro. Sal 1,2) porque hace nacer en nuestras almas un amor nuevo:  La Caridad que es la imagen  del Espíritu Santo en nuestras almas.

 

Si son tan grandes las maravillas de la creación material,  ¿qué decir de la creación sobrenatural? Cada alma justificada y,  con mayor razón,  cada alma que llega a la santidad,  es un universo de maravillas que no tienen comparación con todo el esplendor de la creación visible.  No olvidemos que, como dice Santo Tomas,  un solo grado de gracia vale más que la hermosura de todo el universo.

 

Por eso se llama Espíritu Santo,  Creador.

Fuente: Vida Liturgica P. Guadalupe Treviño

 

Del Tratado de San Irineo, Obispo,  Contra las herejías

El envío del Espíritu Santo

 

El Señor dijo a los discípulos:  Id  y sed los maestros de todas las naciones;  bautizadlas en el nombre del  Padre  y  del Hijo  y  del  Espíritu  Santo.  Con este mandato les daba el poder de regenerar a los hombres en Dios.

 

Dios había prometido por boca de sus profetas  que en los últimos  días derramaría su Espíritu sobre sus siervos y siervas,  y que éstos profetizarían;  por esto descendió el Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios,  que se había hecho Hijo del hombre,  para así,  permaneciendo en él,  habitar en el genero humano,  reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las manos de Dios,  realizando así  en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la antigua condición a la nueva,  creada en Cristo.

 

Y Lucas nos narra cómo éste Espíritu,  después de la ascensión del Señor,  descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés,  con el poder de dar a todos los hombres entrada en la vida y para dar su plenitud a la nueva alianza;  por esto,  todos a una,  los discípulos alababan a Dios en todas las lenguas,  al reducir el Espíritu a la unidad los pueblos distantes y ofrecer al Padre las primicias de todas las naciones.

 

Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Abogado que nos haría capaces de Dios.  Pues,  del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan,  si antes no es humedecido,  así también nosotros,  que somos muchos,  no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús,  sin esta agua que baja del cielo.  Y,  así como la tierra árida no da fruto,  si no recibe el agua,  así también nosotros,  que éramos antes como un leño árido,  nunca hubiéramos dado el fruto de vida,  sin esta gratuita lluvia de lo alto.

 

Nuestros cuerpos,  en efecto,  recibieron por el baño bautismal  la unidad destinada a la incorrupción,  pero nuestras almas  la recibieron por el Espíritu.

 

El Espíritu de Dios descendió  sobre el Señor,

Espíritu de sabiduría  y  de  inteligencia,

Espíritu   de  Consejo  y  de  fortaleza,

Espíritu de ciencia  y  de  temor del Señor,

Y el Señor,  a su vez,  lo dio a la Iglesia,  enviando al Abogado  sobre toda la tierra desde el cielo,  que fue de donde dijo el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto necesitamos de este rocío divino,  para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego;  y,  ya que tenemos quién nos acusa,  tengamos también un Abogado,  pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre,  posesión  suya,  que había caído en manos de ladrones,  del cual se compadeció y vendó sus heridas,  entregando después los dos denarios regios  para que nosotros,   recibiendo por el  Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo,  hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado,  retornarándolo al Señor con intereses.

 

Responsorio   (Hech 2, 1-2)

R.  Cuando llegó el día de Pentecostés,  estaban todos reunidos en un mismo lugar;  de pronto,  se oyó un estruendo que venía del cielo,  *como de un viento impetuoso que invadió toda la casa. Aleluya.

V.   Y,  así  estando congregados todos los discípulos,  vino de pronto sobre ellos un estruendo desde el cielo.

R.  Como de un viento impetuoso que invadió toda la casa.  Aleluya.

 

Fuente: Liturgia de las Horas Tiempo de Pentecostés

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