Vivir amando y Sufrir esperando

23 marzo, 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tú  esperas  la  curación:   no  temas,   porque   llegará.

Esperas  verte  libre de tu dolor,  de tu lecho,  del estado de inactividad,  de  incapacidad para aplicarte y para trabajar…

Quieres  volver  a  ser  fuerte,  capaz,  dinámico  como  antes….

Ten confianza:  recobrarás todo y algo más ,  porque el sufrimiento nunca llega para quitarnos,  sino para darnos poderosas  ayudas  en orden al perfeccionamiento de nuestra personalidad.

Sufres,   pero  espera  en  un  mañana  mejor,   si  ésa  es  la  voluntad  de  Dios.

Pero,  mientras tanto,  no te martirices echando la cuenta de los días perdidos al hacer tus planes para el futuro.

  • No  quieras  comenzar  demasiado  pronto.

La eficacia plena del mañana tiene ciertamente sus raíces en la oscura monotonía del presente,  que  te  parece  tan  oscuro  y  tan  interminable.

  • Aprende  a  esperar  pacientemente.
  • Atiende  y  espera  aunque  todo  te  parezca  irremediablemente   perdido.

A veces parece que el dolor nos aplasta con una vehemencia inexorable;  sin embargo,  incluso cuando  parece  que  todo  muere,  algo  inesperado  nace  en  nosotros.

Hay energías ocultas que afloran;   reservas  preciosas que,  contra toda esperanza,  obran el prodigio.

Y  la  vida  volverá  a  sonreírte  más  bella  y  atrayente  que  antes .

Ten  mucha  esperanza,  espera  siempre,   incluso  contra  toda  previsión  humana.

La esperanza descansa  en  tí y  puedes ayudarte a superar el mal que te oprime;  pero está puesta,  sobre todo,  en el  Señor,  a quien  nada le cuesta premiar con un milagro la fe del que cree en  Él.

Con  frecuencia  Él  se  ríe  de  los  cálculos  y  de  los  dictámenes  de  la  ciencia  humana.

  • Él  es  el  dueño  de  la vida.
  • Él,  que  nos  dió y nos la quitará cuando y como le parezca.

Recuerda que, para premiar la fe y la esperanza de quienes recurrían a Él,  no sólo curó muchas veces a enfermos humanamente desahuciados,  sino que,  en medio del estupor de todos,  devolvió  la  vida  a  muertos  ya  enterrados.

Es  el  verdadero  triunfo  de  la  bondad  y  del  poder  de  Dios,  que  quiere  que pongamos  nuestra  esperanza   solamente  en  Él.

 

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