Advertencias de las apariciones en Fátima

18 mayo, 2010
Visión del Infierno en Fátima
Es en la tercera aparición que la Virgen María permitió que los niños de Fátima vieran el lugar donde caían las pobres almas condenadas.
Sabemos que esta visión del infierno, lejos de paralizar y cohibir a los pequeños videntes, les sirvió de estímulo para rezar más y con mucho sacrificio para los pecadores que viven habitualmente en estado de pecado mortal.
Son las doce.  De improviso, el relámpago anuncia la llegada de la Señora. Todos ven la nubecilla que baja sobre la encina:  parece que la luz del sol palidece.  La muchedumbre cae de rodillas y los niños tienen los ojos fijos sobre la Celestial Visita.  Lucía no se atreve a tomar la palabra, pues tiene vergüenza de haber dudado.  Pero, Jacinta la alienta: “¡Vamos, Lucía, habla! ¡No ves que la Señora te quiere hablar”.
-“¿Qué quiere, Señora?”,  pregunta humildemente Lucía.
-“Quiero que sigan rezando el Rosario todos los días, para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra.  En Octubre, les diré quien soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver para creer”.
“Sacrifiquense por los pecadores y ofrezcan al Señor sus sacrificios, diciendo:
“Señor, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María”.
“Al decir estas últimas palabras -sigue contando Lucía-  abrió las manos. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego, en el que había sumergidos muchos demonios y una multitud de almas con forma humana, semejantes a brasas incandescentes que, lanzadas a lo alto por las llamas, volvían a caer por todas partes, como las chispas de un gran incendio, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y de desesperación, que nos hacían estremecer de pavor”.
Han visto el infierno

Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia la Señora, que nos dijo, entre bondad y tristeza:
-“Han visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón

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